Mis primeros recuerdos son dibujando una y otra vez aquel castillo señorial de la Coracera que veía desde la ventana de mi habitación.

A carboncillo, a lápiz, en color, en blanco y negro, desde todos los ángulos…ese día descubrí que pintar era más que una afición.

Mi madre, fue mi cómplice en esos primeros años, me llevó a mejorar mi técnica con un conocido artista local que me ayudó a depurar mi estilo.

Sin embargo, la vida, me guió por otros caminos alejados del mundo de la pintura, hasta que hace unos años, un cúmulo de casualidades hizo que me reencontrara con mi auténtica vocación. Tras años, días y horas de mucho estudio y duro trabajo me convertí en la persona que siempre quise ser.

Cuando me pongo delante de un lienzo me siento capaz de plasmar toda clase de sentimientos, de mejorar la realidad, de poner una sonrisa a un día nublado, de dar sabiduría a cada arruga de un anciano… Disfruto con cada trazo, mezclando colores, haciendo combinaciones imposibles, incluyendo cada mínimo detalle.

Está soy yo, Jose Valdenebro. ¿Una artista? Eso lo tendrán que juzgar ustedes, yo prefiero decir que soy una soñadora, porque cuando me sumerjo en mis cuadros mi mundo se transporta a cada paisaje que dibuja mi pincel.